Se podría decir que ha comenzado un nuevo ciclo. Un nuevo estilo, una nueva forma de ver la vida. Desde mi última entrada a esta han cambiado bastantes cosas. Por un lado, empecé el sirope, tal y como dije. No pude. No tengo por qué sentirme mal. Simplemente no pude. He aborrecido ese sabor con toda mi alma. Efectos colaterales de haber permanecido 13 días ingiriendo simplemente ese líquido. Reconozco que me vine abajo. No me asusta decirlo. Intenté hacer más dietas... pero nada. Para qué engañarme, no tenía ni constancia, ni metas, ni un plan efectivo, ni nada de nada. Quería perderlo todo del tirón. Los 40 kilitos que me sobraban. ¡Iluso de mi! y así he pasado el verano. Éste ya -casi- ha pasado. He viajado mucho, he conocido mucho, he hecho muchas amistades, lo he pasado en grande y, también, he recuperado los kilitos que había perdido. Bien... hace unas semanas eso se acabó. Concretamente hace 2. Resumen de los hechos: Hace aproximadamente unos dos años, por aquellos entonces vivía yo en Córdoba capital, quiso la casualidad que me encontrara con un gran amigo de la adolescencia, etapa esta que, sin duda, marca de forma especial y proverbial. Felipe, que así se llama el sujeto en cuestión, por aquellos años de acné, locuras, borracheras y demás cosas que no vienen al caso, venía pesando alrededor de unos 120-122 kilitos. A pesar de parecer mucho, el 1,80 de su estatura y su constitución recia disimulaban, en cierto grado, la obesidad que padecía. Felipe, de todas maneras, siempre ha estado así, desde que lo conozco, cuando tendríamos unos 10 años y comíamos en el comedor del colegio. Él siempre se había caracterizado por ser la bestia parda que todo lo engullía y de echo, hacíamos apuestas al respecto. Bien la cuestión es que en nuestros años mozos, cuando los únicos problemas que teníamos era el día que en el instituto daban las notas a los padres (los cuales estos tenían que firmarlas y era un problema terrible para nosotros entonces - ¿quién me iba a decir a mí por aquellos entonces que con las notas que sacaba acabaría 1 carrera, un ciclo formativo y haría un master y un doctorado?- el señor Felipe pesaba lo dicho y un servidor sobre unos 85-90 kilos. El día final de curso recuerdo que Felipe llegó vestido de chaqueta, corbata, pañuelo en bolsillo y puro (puesto que prometió que si acababa en junio el bachiller iría vestido así y, efectivamente, lo cumplió tan a la perfección, que hasta se fumo el puro en clase) Esa fue la última vez que lo ví, puesto que siempre nos solíamos ver en Septiembre, recuperando asignaturas, y él, como digo, las aprobó todas el pedazo de mamón. Retomando el tema, me reencontré con Felipe, casi 5 años después y la verdad, me costó reconocerlo. El tío pesaba 72 kilitos y encima se había convertido en uno de los cocineros con más renombre y prestigio de la hostelería española. Se había especializado en nutrición y le había declarado la batalla a los kilos, no sólo a los suyos, sino que cual superhéroe que se precie, le pegaba el coñazo a todo aquel, gordinflón o gordinflona que se encontrara a su paso. Cuando nos vimos yo ya era uno de esos gordinflones. Pesaba unos 115 kilos. Tras charlar largo y tendido me prometió que cuando volviese al pueblo (ahora vivía en Mallorca) me llamaría para darme unas pautas a seguir, ya que, según me dijo, era la dieta perfecta. Nada de dietas milagro, dieta de la chirimoya, dieta del membrillo turco, del pony en celo, del yogurt con lombrices del Yucatán ni ninguna chorrada de esas. La dieta perfecta, la dieta definitiva, la dieta de los dioses era, simple y llanamente... ¡¡¡APRENDER A COMER!!!Así fue como él triunfó. Pasaron los días, los meses, los años y yo... como si de mi amada se tratase, lo esperaba con celo a que me trajera el milagro de lejanas tierras. La cuestión es que pasó tanto que se me olvidó el tema. Hasta hace dos semanas... el tío cumplió su palabra. Me llamó.Cuando lo ví no sólo me sorprendió verle delgado, ya que seguía teniendo la imagen de nuestro Felipe de 120 kilos de toda la vida, me sorprendió aún más ya que estaba más fuerte que el vinagre del Carrefour... el mamón, el Felipe de 120 kilos de toda la vida se había transformado en ¡¡¡CULTURISTA!!! ¡Con dos cojones! Bueno, la cuestión es que me dio esa DIETA DEFINITVA, la dieta milagrosa sin milagros, el secreto de aprender a comer. Y empecé al pie de la letra... Os aseguro que no entro en mí de felicidad (y fijaros si soy grande!!!) de 120 que empecé hace dos semanas (ya os he dicho que el verano me ha pasado factura) actualmente peso 112. ¡¡¡¡Está bastante bien no!!!! Y simplemente me lo propongo como forma de vida. Mi primera meta ha sido estar una semana comiendo escrupulosamente a las horas que me he propuesto y no saltarme ninguna comida. En total hago 5. a las 10:00 desayuno, a las 12:00 hago 2º desayuno a las 15:00 almuerzo, a las 18:30 meriendo y a las 22:00 ceno. Así de simple. Por supuesto no pico nada entre horas. Antes de comer me bebo un vaso de agua y otro después de comer. Así hacen un total de 10 vasos de agua obligatorios. Entre medias también suelo beber uno o dos vasos. Os preguntareis: ¿¿¿ QUIERES DECIR DE UNA VEZ QUE COMES??? Pues de todo: 10:00 - Desayuno: Un café y 1 pieza Fruta. 12:00 - 2º Desayuno: Té o zumo + 1/2 Tostada con aceite y tomate. 15:00 - Almuerzo: de 1º Verdura de 2º Pollo o Pavo o Ternera o Pescado. Nada de Cerdo ni Cordero. Cocinado a la plancha -NADA FRITO- y acostumbrarse a comer poca cantidad, dependiendo del gasto energético que hagamos a lo largo del día. Suelo comer unas 400 Cal. en el almuerzo. No como fruta después para que no fermente. Como en platos pequeños y sólo como lo que ponga en el plato. También como muy despacio. Con la práctica te acabas acostumbrando a todo esto. 18:30 - Merienda: Yogurt desnatado sin azúcar o café con una pieza de fruta 22:00 - Cena: Igual que el almuerzo pero intento comer unas 150 Cal. como máximo. Normalmente me inflo de verdura. Nota: ¡¡¡¡¡¡¡¡¡NADA DE FRUTA DESPUÉS DE LA MERIENDA, LO DIGA QUIÉN LO DIGA!!!!!!!!!!!!!! Esta básicamente es mi dieta, y digo en el sentido etimológico del mismo es decir: Conjunto de alimentos que nutren a un ser. No hablo de REGIMEN. Eso es otra historia que aconsejo que os olvidéis de ello. Lo más importante de todo es cambiar la mentalidad. Yo ahora me siento cojonudamente, estupendo. No tengo sensación de hacer régimen, sino una DIETA, sana. Ya no idolatro la comida como una deidad primigenia a la que me debo por completo. Ese era mi error. La comida me cegaba. Ahora la veo como algo más. Simplemente como lo que me nutre. Si aprendemos a comer, cuando perdamos los kilos que nos sobran podremos seguir comiendo de todo, en más cantidad, pero de todo, y no pensar constantemente en que estamos siendo esclavos de regímenes y demás. Hay que olvidarse de todo eso. Yo si queréis pondré a diario mi menú y lo vais haciendo día a día. Yo tengo que perder 40 kilos. Ya me quedan menos. Pero me da exactamente igual. No tengo ninguna prisa.Otra cosa, si algún día os dais un homenaje ¡¡¡ NO PASA NADA!!! no os sintáis culpables. LO IMPORTANTE ES MANTENER LA CONSTANCIA DE LO QUE ESTABAIS HACIENDO. NO PERDER LA MOTIVACIÓN. Está clínicamente demostrado que al día siguiente de un homenaje se pierde el doble de lo que pierdes normalmente, así que es una gran noticia. Ahora sé que esta vez, ¡¡¡por fin!!! ES LA DEFINITIVA. ¿TE APUNTAS?
1 comentario
Nieves -
Intentare encontrar un ratito para leerte todos los dias
besos
Nieves